La próxima vez que escuchemos a alguien hablando y haciendo autoridad de su propia honestidad y verdad, de su capacidad plena de afrontar los hechos de frente, sacando algo así como antimateria de su interior para hacer uso de sus capacidades dictatoriales y discursivas, no le crea. Existe llamado algo “La Prueba del NO”, de lo que me enteré un día en un coloquio organizado por la Escuela de Derecho de mi universidad. Una expositora española hizo una acotación acerca de las premisas entregadas en el discurso del Presidente de la República. Si la premisa entregada, es imposible rebatirla con un simple “no”, entonces es mentira. La premisa debe entregar razón, debe tenerla, no ser fuente de virtud y verdad.
Esto, hablando en modalidades discursivas es muy válido. Pero también hay que considerar la diferencia de contextos, hablando de historia un poco, donde antes el personaje carismático emitía su discurso vociferando a grandes pulmones hacia una vasta cantidad de personas, en espacios públicos generalmente, en grandes encuentros. Ahora es por el aparatito ese tan criticado en este blog, la televisión, donde no es necesario asistir a encuentros –lo que es completamente explicable y no debiera sorprender-, sino quedarse en la comodidad y calidez de nuestro hogar, pero corriendo el riesgo del “mass-mind rape” que cantaban los Rage Against the Machine, de la violación mental en nuestra propia intimidad del hogar. Otra facilidad que le ofrece la TV al Estado.
Probablemente a usted le recuerde al Dr. House, que en su cita más fundamental de la 4º temporada, indicaba así “Todos mienten”. Incluso, tras ser rebatido por una de sus ayudantes, quien decía “Todos mienten, pero hay una excepción en cada regla”, House agregaba lo siguiente: “En realidad no la hay. Eso es lo que hace a la regla”.
Por consiguiente, usted no se sorprenda cuando descubra la mentira en ojos confidentes. Lo más probable es que haya hecho lo mismo poco tiempo atrás. Hay una magnífica cantidad de razones y causas, técnicas para descubrirlos y convertirse, pero siempre queda el amargo sabor de un incendio mental o emocional al descubrirlas.
Lo interesante es el hecho de que la gente trata siempre de protegerse. La protección es uno de los recursos más necesitados por la humanidad. Y el ciego placer del engaño mental a veces es lo único que queda. Somos más adictos a la protección que al agua, y es eso lo que no tienen algunas personas, o no necesitan algunas personas, eso es lo único que los diferencia del resto, muchas veces. Gente que decide virarse y no estar ni ahí con la protección, o aventurarse en un viaje desconocido por el mundo y el descubrimiento, despojándose de toda marca, todo signo, todo número y todo lenguaje. El mundo se abre una sola vez, y esa vez puede bastar para joderse la vida buscando la luz en la cueva de oscura de Platón, sirviéndose de cualquier maldita chispa de oscuridad en medio de la masa oscura de materia real y cotidiana que día a día pesa y pesa y jode y jode, mucho peor que cualquier tipo de mass-mind rape. Y para poder volver y caminar en 2 patas, para poder entrar a lugares como la universidad o volver a la casa, para poder tomar el dinero, para poder llevarse un pan a la boca, muchas veces es necesario ese ciego placer del engaño mental, y entonces tiene sentido que sea lo único que quede.
No vendría al caso hablar de éticas occidentales que no sirven para nada, indicar qué es lo que está bien y qué es lo que está mal, porque no importa. Nada en realidad importa cuando se trata de mentiras. No sé lo que nadie habla porque sé que es una mentira, pero tengo esa necesidad de “pertenecer”, que me molesta a sobremanera por cierto, que necesito muchas veces tener que escuchar a los que no quiero para poder “pertenecer”.
Pertenezcan cabros, después de todos eso es lo que hace a alguien “humano”. Si no se pertenece no hay caso pelear por cambios. Si no se pertenece, se carece de credibilidad. Pero entiendan que si no se pertenece, se tiene completa libertad, se sueltan las cadenas, se incendia el corazón con llama de vida.
Viéndolo así, entonces estaría justificado el hecho de mentir. Pero esto es una falacia, hay error al creerlo. Mentir no debiera estar calificado como bueno o malo, si es algo que todos hacen. No se trata de creer o no creer, se trata de compartir. Si alguien comparte contigo alguna experiencia o idea, o hace algo notable para uno, ésas son personas que de verdad valdrán la pena para tu vida, independiente de si sea por mentiras. Uno decide creer o no creer, pero eso es otro proceso independiente de compartir. Si alguien comparte algo contigo, acógelo como el más noble gesto humano que el mismo humano puede hacer. Por eso, hay que escuchar, mantenerse despierto, no ensimismarse, ni tampoco enceguecerse. Divagar por soluciones está bien, es humano. Buscar salidas, ocupar espacios mentales en donde hay sombras muchas veces es lo que hay que hacer.
Uno decide si creer o no creer.
Paz!
miércoles, 5 de octubre de 2011
jueves, 15 de septiembre de 2011
Virarse
¿Cómo no voy a pensar en eso? ¿Cómo no me va a llamar la atención el cuento del aventurero implacable, el super hombre que nos cuentan cuando chicos, que viaja y viaja y no le importa nada? ¿Tendrá familia? ¿Querrá tener una? ¿Por qué pensar en que una idea puede volverse real? ¿Qué hacer?

Buenas preguntas todas. Pero ninguna respuesta. Nada más que más preguntas. Es que sucede esto del problema Into the Wild, el del completo anarquismo, un ataque medieval a lo Robin Hood, quizá. No sé. Virarse... No es lo mismo que escapar. No significa no afrontar tus problemas. Es algo así como anular tu voto. Saber que algo es de cierta forma, pero tomas otra alternativa, una que permita el sistema, pero no la contemple, para jugar a algo así como Tom & Jerry, a Policías y Ladrones, a La Matanza (dense cuenta de lo brígidos que se ponen los nombres de los juegos, y cómo cada vez más es uno más real que el anterior).
La cosa es simple. Uno está acostumbrado a reprimir cosas que le gustan y no le hacen mal alguno a nadie. No te dejan gritar, no te dejan andar descalzo, no te dejan jugar en el barro, no te dejan acariciar perros, te obligan a algún toque de queda ficticio y fantasma, te dicen que está mal hablar con la fruta, que es de locos que te quedes mirando el cielo y viendo lo hermoso de las nubes, no te dejan caminar en polera por la lluvia, y cientos de cosas más. El drama es cuando lo haces, y te das cuenta de que acabes de hacer algo que no debías, que no pasa nada malo haciéndolo y que lo disfrutaste. Como por ejemplo, virarse. Y por decir "virarse" me refiero a hacer lo que te dicen que está mal, o lo que no deberías hacer, pero que ninguna de estas cosas tengan en absoluto consecuencias negativas para ti y para nadie, supuestamente. Es justamente esa la fuente de mis preguntas. Si corro en pelotas por la lluvia, y me resfrío al día siguiente, aprenderé que no debo hacer eso porque me resfrío, no porque dios se va a enojar conmigo y me voy a ir al infierno, es porque me resfrío, y eso lo consideraré válido y me sentiré feliz sin importar si me toma una semana de licencia. Pero si mi madre se desvela cuidando mi pulmonía, entonces el cariño (hablando exclusivamente por lo que yo haría) gana sobre el sentimiento de querer ganar experiencia, y por lo tanto no corro por la lluvia para aprender alguna lección. Entonces no me viro. Anhelo hacerlo. Pero no lo hago. Quiero demasiado a mis padres.
Y esto se convierte en un caso interesante, porque justamente ahí muere todo lo que he dicho en este blog acerca de no dejar que el sistema te gane. Muere porque no hago nada al respecto, más que descargar mi furia cibernéticamente hablando. Pero no es tan así, no es que "no haga nada". Sería mentira si lo digo. Aquí me convierto en el ideal del misionero, de "predicar" mi religión por las masas. Les digo que les de asco el mall, que no vean tanta tele, que está mal comprar por comprar. Les digo a la mierda sus tatuajes, a la mierda sus poleras, a la mierda su imagen pública. Les enseño quien es el enemigo, pero les digo que tengan paz. Y esto equilibra el "virarse" y el "quedarse". Pero no por demasiado tiempo. La rabia contra la máquina (Rage against the Machine) crece y crece. Ya no es suficiente "quedarse" en absoluto, no importa misionar, no importa enseñar, no importa no creer, no importa tener paz. Ya no es suficiente "quedarse". Del ideal del hombre intelectual, pasamos a un ideal más anti-occidental, el que nace una repugnancia gigante contra el sistema a niveles críticos. Rechazo, por ende, mi calidad de ciudadano, mi calidad de civilizado, y rechazo así tambien, todos mis derechos y mis deberes civiles.
¿Qué hacer, frente a unas ganas explosivas de "virarse"? Comprobar qué te hace feliz. No entregarte ciegamente al instinto, sino también buscando y creyendo que la felicidad puede estar en varias partes más. Incluso aquí. Odia el conformismo, cree más en la ambición. Si lo que te hace feliz supera tu retención, entonces "virate", pero hácela bien. Que no sea un arrebato. Que sea premeditado. Que te tome tiempo. Que tenga estrategia. No me refiero a tener un destino determinado, sino a estar seguro de si virarse es la real solución.
Buenas preguntas todas. Pero ninguna respuesta. Nada más que más preguntas. Es que sucede esto del problema Into the Wild, el del completo anarquismo, un ataque medieval a lo Robin Hood, quizá. No sé. Virarse... No es lo mismo que escapar. No significa no afrontar tus problemas. Es algo así como anular tu voto. Saber que algo es de cierta forma, pero tomas otra alternativa, una que permita el sistema, pero no la contemple, para jugar a algo así como Tom & Jerry, a Policías y Ladrones, a La Matanza (dense cuenta de lo brígidos que se ponen los nombres de los juegos, y cómo cada vez más es uno más real que el anterior).
La cosa es simple. Uno está acostumbrado a reprimir cosas que le gustan y no le hacen mal alguno a nadie. No te dejan gritar, no te dejan andar descalzo, no te dejan jugar en el barro, no te dejan acariciar perros, te obligan a algún toque de queda ficticio y fantasma, te dicen que está mal hablar con la fruta, que es de locos que te quedes mirando el cielo y viendo lo hermoso de las nubes, no te dejan caminar en polera por la lluvia, y cientos de cosas más. El drama es cuando lo haces, y te das cuenta de que acabes de hacer algo que no debías, que no pasa nada malo haciéndolo y que lo disfrutaste. Como por ejemplo, virarse. Y por decir "virarse" me refiero a hacer lo que te dicen que está mal, o lo que no deberías hacer, pero que ninguna de estas cosas tengan en absoluto consecuencias negativas para ti y para nadie, supuestamente. Es justamente esa la fuente de mis preguntas. Si corro en pelotas por la lluvia, y me resfrío al día siguiente, aprenderé que no debo hacer eso porque me resfrío, no porque dios se va a enojar conmigo y me voy a ir al infierno, es porque me resfrío, y eso lo consideraré válido y me sentiré feliz sin importar si me toma una semana de licencia. Pero si mi madre se desvela cuidando mi pulmonía, entonces el cariño (hablando exclusivamente por lo que yo haría) gana sobre el sentimiento de querer ganar experiencia, y por lo tanto no corro por la lluvia para aprender alguna lección. Entonces no me viro. Anhelo hacerlo. Pero no lo hago. Quiero demasiado a mis padres.
Y esto se convierte en un caso interesante, porque justamente ahí muere todo lo que he dicho en este blog acerca de no dejar que el sistema te gane. Muere porque no hago nada al respecto, más que descargar mi furia cibernéticamente hablando. Pero no es tan así, no es que "no haga nada". Sería mentira si lo digo. Aquí me convierto en el ideal del misionero, de "predicar" mi religión por las masas. Les digo que les de asco el mall, que no vean tanta tele, que está mal comprar por comprar. Les digo a la mierda sus tatuajes, a la mierda sus poleras, a la mierda su imagen pública. Les enseño quien es el enemigo, pero les digo que tengan paz. Y esto equilibra el "virarse" y el "quedarse". Pero no por demasiado tiempo. La rabia contra la máquina (Rage against the Machine) crece y crece. Ya no es suficiente "quedarse" en absoluto, no importa misionar, no importa enseñar, no importa no creer, no importa tener paz. Ya no es suficiente "quedarse". Del ideal del hombre intelectual, pasamos a un ideal más anti-occidental, el que nace una repugnancia gigante contra el sistema a niveles críticos. Rechazo, por ende, mi calidad de ciudadano, mi calidad de civilizado, y rechazo así tambien, todos mis derechos y mis deberes civiles.
¿Qué hacer, frente a unas ganas explosivas de "virarse"? Comprobar qué te hace feliz. No entregarte ciegamente al instinto, sino también buscando y creyendo que la felicidad puede estar en varias partes más. Incluso aquí. Odia el conformismo, cree más en la ambición. Si lo que te hace feliz supera tu retención, entonces "virate", pero hácela bien. Que no sea un arrebato. Que sea premeditado. Que te tome tiempo. Que tenga estrategia. No me refiero a tener un destino determinado, sino a estar seguro de si virarse es la real solución.
domingo, 7 de agosto de 2011
Cuestión de evolución.
Yo hablo de cosas que veo y que siento. Generalmente las veo, y me molestan. No creo que uno debiera andar hablando de cosas que no ve, dejandose llevar por las emociones o sentimientos. No corresponde. Uno tiene que tener capacidad de saber cuales serán las consecuencias de cada decisión que toma. Porque nadie te va a creer si después cambias tu postura radicalmente. Está bien equivocarse, pero sólo si se reconoce. Está bien pensar distinto, pero sólo si hay fundamentos. Siempre expongo incitándo a la paz, y si no lo he hecho, háganmelo saber.
Aquí pasa algo que no tenemos miedo de decir, porque no estuvimos en la dictadura. Tenemos rabia, porque estamos acostumbrados a que no nos entiendan. Crecimos reprimidos, bajo reglas que no estuvimos ahí cuando fueron dictadas, pero de una forma u otra rigen nuestras vidas, la forma de vestirnos, de llevar el pelo, de vivir. Estamos acostumbrados a que nos digan que está todo mal, que el mundo está por colapsar, que está por acabarse algo, que nada sirve, que las cosas son inútiles. Estamos acostumbrados a inhalar miedo e indiferencia de todos lados, o rabia que no entendemos. Eso que es demasiado importante para los adultos, no lo es para nosotros. De hecho lo despreciamos, porque vemos cómo se aferran todos a cosas que son superficiales, a cosas que no son completas, a cosas que han hecho daño.
Conocemos la mentira. Conocemos el miedo. Conocemos la rabia. Sabemos por qué da. Hemos estado en marchas y en nuestro hogar la televisión no lo dice. Hemos tenido que ser forzados a salir de la plaza para que no peligre nuestra integridad física. Hemos crecido con eso. Pero no lo sabemos decir, porque no sabemos hablar. Porque en el país se reducen las horas de clase de Lenguaje. Porque los escritores jóvenes son calificados de raros, de comunístas, y los jóvenes odian las categorías, porque han perdido toda identidad. No sabemos firmar cheques porque casi no tenemos nombre, tenemos números. Todo es automático, todo es instantáneo. No sabemos lo que todo ser humano debería saber, hacer fuego, plantar, construír una casa.
Pero pasa algo porque justo ahora se ve que nos olvidamos de eso. De nuestras trabas. De nuestros 'contras'. Ahora tenemos identidad. Ahora aprendimos a construír. Porque sabemos cómo es el terreno. Sabemos quien dice la verdad y quien no. Conocemos mejor a las personas que nos rodean. Leimos de la causa, de política, leyes, estatutos. Aprendimos a hacer lienzos. Cabeceamos una canción que apoya la causa. Perdonen la pregunta, es que tengo una duda. ¿Es eso acaso humanidad?
Tengo la duda porque hay gente que el sistema apoya y protege, gente que no pesca las protestas, gente normal, que no manifiesta, zombies mutantes que caminan frente al guanaco mirando despectivamente, calificando de comunistas al 87% de estudiantes movilizados. A ellos el gobierno protege y trata de mantener, carabineros resguarda sus autos, los bancos aseguran sus casas. ¿Quién chucha es humano al final? ¿El que aprende a ser mejor persona, o el que mantiene la cúspide de la civilización en su posición inproductiva, poco innovadora y condenada a la muerte a la larga? ¿El que se deja llevar, o el que se para frente a todos y lo dice?

Existe el miedo de que no se va a lograr nada, pero ahora todos sabemos como es el mundo, como funcionan las cosas, y eso nos va a traer seguridad en el futuro. Aprendimos a hacer fuego, para calentar a la gente en las tomas o para hacer barricadas. Aprendimos a leer, leyendo cómo dictan leyes para jodernos cada vez más. Aprendimos a opinar y a ser críticos, porque vemos día a día cómo tratan de ofuscar todo. Ofuscarlo y hacer que sigamos pensando, nuevamente, que está todo mal, que todo es inútil. Hay gente trabajando día y noche, con altos sueldos, trabajando incesantemente para jodernos. Y no nos damos cuenta. Y recibimos amenazas si tratamos de hacer algo.
El ser humano original aprende, lee, se organiza, sí conoce el miedo y sí conoce la rabia, pero sí cree en que en grupos grandes, gigantes, siendo caleta, más que la chucha, puede hacer algo radical, importante, enorme. No tolera vivir todos los días pasando como números, el tiempo como matemáticas, inertes, muertos. No tolera escuchar mentiras. No tolera tener que quedarse en casa, sabiendo que sus propios hermanos y amigos están en la calle manifestándose por el futuro, el de él, el de sus hijos, y el de todos nosotros. Es cuestión de evolución. El humano siempre ha sido así. Y así es sólo quién es un verdadero humano.
Paz, cabros, tengan paz.
Aquí pasa algo que no tenemos miedo de decir, porque no estuvimos en la dictadura. Tenemos rabia, porque estamos acostumbrados a que no nos entiendan. Crecimos reprimidos, bajo reglas que no estuvimos ahí cuando fueron dictadas, pero de una forma u otra rigen nuestras vidas, la forma de vestirnos, de llevar el pelo, de vivir. Estamos acostumbrados a que nos digan que está todo mal, que el mundo está por colapsar, que está por acabarse algo, que nada sirve, que las cosas son inútiles. Estamos acostumbrados a inhalar miedo e indiferencia de todos lados, o rabia que no entendemos. Eso que es demasiado importante para los adultos, no lo es para nosotros. De hecho lo despreciamos, porque vemos cómo se aferran todos a cosas que son superficiales, a cosas que no son completas, a cosas que han hecho daño.
Conocemos la mentira. Conocemos el miedo. Conocemos la rabia. Sabemos por qué da. Hemos estado en marchas y en nuestro hogar la televisión no lo dice. Hemos tenido que ser forzados a salir de la plaza para que no peligre nuestra integridad física. Hemos crecido con eso. Pero no lo sabemos decir, porque no sabemos hablar. Porque en el país se reducen las horas de clase de Lenguaje. Porque los escritores jóvenes son calificados de raros, de comunístas, y los jóvenes odian las categorías, porque han perdido toda identidad. No sabemos firmar cheques porque casi no tenemos nombre, tenemos números. Todo es automático, todo es instantáneo. No sabemos lo que todo ser humano debería saber, hacer fuego, plantar, construír una casa.
Pero pasa algo porque justo ahora se ve que nos olvidamos de eso. De nuestras trabas. De nuestros 'contras'. Ahora tenemos identidad. Ahora aprendimos a construír. Porque sabemos cómo es el terreno. Sabemos quien dice la verdad y quien no. Conocemos mejor a las personas que nos rodean. Leimos de la causa, de política, leyes, estatutos. Aprendimos a hacer lienzos. Cabeceamos una canción que apoya la causa. Perdonen la pregunta, es que tengo una duda. ¿Es eso acaso humanidad?
Tengo la duda porque hay gente que el sistema apoya y protege, gente que no pesca las protestas, gente normal, que no manifiesta, zombies mutantes que caminan frente al guanaco mirando despectivamente, calificando de comunistas al 87% de estudiantes movilizados. A ellos el gobierno protege y trata de mantener, carabineros resguarda sus autos, los bancos aseguran sus casas. ¿Quién chucha es humano al final? ¿El que aprende a ser mejor persona, o el que mantiene la cúspide de la civilización en su posición inproductiva, poco innovadora y condenada a la muerte a la larga? ¿El que se deja llevar, o el que se para frente a todos y lo dice?
Existe el miedo de que no se va a lograr nada, pero ahora todos sabemos como es el mundo, como funcionan las cosas, y eso nos va a traer seguridad en el futuro. Aprendimos a hacer fuego, para calentar a la gente en las tomas o para hacer barricadas. Aprendimos a leer, leyendo cómo dictan leyes para jodernos cada vez más. Aprendimos a opinar y a ser críticos, porque vemos día a día cómo tratan de ofuscar todo. Ofuscarlo y hacer que sigamos pensando, nuevamente, que está todo mal, que todo es inútil. Hay gente trabajando día y noche, con altos sueldos, trabajando incesantemente para jodernos. Y no nos damos cuenta. Y recibimos amenazas si tratamos de hacer algo.
El ser humano original aprende, lee, se organiza, sí conoce el miedo y sí conoce la rabia, pero sí cree en que en grupos grandes, gigantes, siendo caleta, más que la chucha, puede hacer algo radical, importante, enorme. No tolera vivir todos los días pasando como números, el tiempo como matemáticas, inertes, muertos. No tolera escuchar mentiras. No tolera tener que quedarse en casa, sabiendo que sus propios hermanos y amigos están en la calle manifestándose por el futuro, el de él, el de sus hijos, y el de todos nosotros. Es cuestión de evolución. El humano siempre ha sido así. Y así es sólo quién es un verdadero humano.
Paz, cabros, tengan paz.
martes, 26 de julio de 2011
La "Hueá"
El otro día estaba en una situación que no me gustaba mucho, pero por deber un tanto moral (quizá moral no es la palabra) tenía que estar ahí. Eso era lo que consideraba yo. Hasta ese momento, al menos. Era un Consejo Superior de la Universidad, y estaba yo sentado, lateado, al lado del centro de alumnos de mi carrera, completamente callado, escuchando a ratos atentamente lo que decían los demás. Bueno, no es por ser exigente, pero todos decían lo mismo. Exactamente lo mismo. Y se repartían qué parte decir. Una parte, su contraparte, la otra parte, su respectiva contraparte, a ver quién de los hueones la decía con peor semántica y gramática. Nada nuevo. Sabía con antelacion qué iban a decir, incluso nada más viendo la forma en que se senataban, o se vestían, o miraban al resto. Esas tres cosas, y absolutamente ninguna más.
Qué desgracia. Tenía presente, en una misma sala, a cuanta mentalidad distinta debía haber, supuestamente, cada grupo de personas ocupándose de más de 30 áreas distintas del conocimiento. No hablemos de "futuro de Chile", hablemos de algo más tangible, futuros arquitectos, ingenieros, médicos, científicos, humanístas, etc. Si yo me voy en estas voladas, me imagino qué tendrán que aportar los otros. Lo esperaría con ansias. Menos mal que no lo esperé. Porque no llegó. Nadie estaba tocado por la estrella. Nadie estaba iluminado ese día. Nadie hizo gracia del discurso, al borde de jugar con las palabras a tal extremo de hacer dulcemente carismático su discurso.
Y me reí y pensé en el pulpo maldito ese, metiendo sus tentáculos por medio de los bloques de gentes en planes de organización para hacer por cansarse del ser, o hacer porque el ser no resultó, o falsamente se realizó. Los partidos políticos en las más perversas organizaciones, tentáculos fuertes y densos, dispuestos a azotar cualquier intruso en el plan sistémico nacional de gobierno. La parte y su contraparte. Peleando, tomandose turnos para ser boca o cola del ouróboro. Una discusión infinita y así de infinita, infinitesimal entre lo que de verdad había que hacer. No aprendí nada. De hecho comprobé lo que realmente era, el pulpo ahí, presente completamente, mostrando lo brutal y asesino que es. Bueno, lo asesino lo comprobé despues. Pero lo comprobé.
Una completa lástima. Sin hacer uso de una sucia y prostíbula negociación, no se podía hacer nada realmente radical, o efectivo. Siguiendo ciertos patrones un tanto corruptos se podría dejar contentos a todos, fuera de toda parada y empantanado hasta las orejas de partidos políticos. Vendiendose. Así y nada más. Porque no hay más que hacer, más que jugar entre las reglas del sistema, nadar por el vertedero usando cualquier cosa como antiséptico. O como preservativo.
Me paré y me fuí, pensando "están puro hueviando". Me pregunté si estaba bien eso o no, de hecho qué estaba bien y qué no, y me reí a carcajadas al instante de pensarlo. Dejé el activismo botado en ese momento, por creerlo falso y despojado de toda originalidad, y sentí que había sido parte ciegamente entregada a un engranaje del sistema. Así no iba a resultar "la hueá".
¿Qué hacer? La verdad de las cosas, no tengo ni una puta idea de qué hacer. Si me radicalizo soy parte del sistema y me arriesgo por nada. Si no hago nada, entonces no soy más que un gusano. Ese mismo día expuse el problema a varios de mis amigos. No ví ninguna respuesta coherente y concisa (por el hecho de que no ví respuestas), y apacigué mi rabia al pensar que yo justamente por eso había elegido ese grupo de amigos, porque jamás me iban a cuestionar el hecho de que yo llegara al borde de la ética y la moral preguntado y criticando lo que existía. Un trato justo. Si sé que hay más gente que vé las cosas mucho mejor que yo, pero al estar a medio devorar por el pulpo desgraciado, no hablan más que balbuceos para los medios.
¿Qué hacer? Tan solo mantener la paz...
¿Qué hacer? Si acepto algo, acordarme del pulpo y del engranaje
¿Qué hacer? Vivir nadando en el vertedero, usando cualquier cosa como antiséptico.
O en su defecto, como preservativo.
Qué desgracia. Tenía presente, en una misma sala, a cuanta mentalidad distinta debía haber, supuestamente, cada grupo de personas ocupándose de más de 30 áreas distintas del conocimiento. No hablemos de "futuro de Chile", hablemos de algo más tangible, futuros arquitectos, ingenieros, médicos, científicos, humanístas, etc. Si yo me voy en estas voladas, me imagino qué tendrán que aportar los otros. Lo esperaría con ansias. Menos mal que no lo esperé. Porque no llegó. Nadie estaba tocado por la estrella. Nadie estaba iluminado ese día. Nadie hizo gracia del discurso, al borde de jugar con las palabras a tal extremo de hacer dulcemente carismático su discurso.
Y me reí y pensé en el pulpo maldito ese, metiendo sus tentáculos por medio de los bloques de gentes en planes de organización para hacer por cansarse del ser, o hacer porque el ser no resultó, o falsamente se realizó. Los partidos políticos en las más perversas organizaciones, tentáculos fuertes y densos, dispuestos a azotar cualquier intruso en el plan sistémico nacional de gobierno. La parte y su contraparte. Peleando, tomandose turnos para ser boca o cola del ouróboro. Una discusión infinita y así de infinita, infinitesimal entre lo que de verdad había que hacer. No aprendí nada. De hecho comprobé lo que realmente era, el pulpo ahí, presente completamente, mostrando lo brutal y asesino que es. Bueno, lo asesino lo comprobé despues. Pero lo comprobé.
Una completa lástima. Sin hacer uso de una sucia y prostíbula negociación, no se podía hacer nada realmente radical, o efectivo. Siguiendo ciertos patrones un tanto corruptos se podría dejar contentos a todos, fuera de toda parada y empantanado hasta las orejas de partidos políticos. Vendiendose. Así y nada más. Porque no hay más que hacer, más que jugar entre las reglas del sistema, nadar por el vertedero usando cualquier cosa como antiséptico. O como preservativo.
Me paré y me fuí, pensando "están puro hueviando". Me pregunté si estaba bien eso o no, de hecho qué estaba bien y qué no, y me reí a carcajadas al instante de pensarlo. Dejé el activismo botado en ese momento, por creerlo falso y despojado de toda originalidad, y sentí que había sido parte ciegamente entregada a un engranaje del sistema. Así no iba a resultar "la hueá".
¿Qué hacer? La verdad de las cosas, no tengo ni una puta idea de qué hacer. Si me radicalizo soy parte del sistema y me arriesgo por nada. Si no hago nada, entonces no soy más que un gusano. Ese mismo día expuse el problema a varios de mis amigos. No ví ninguna respuesta coherente y concisa (por el hecho de que no ví respuestas), y apacigué mi rabia al pensar que yo justamente por eso había elegido ese grupo de amigos, porque jamás me iban a cuestionar el hecho de que yo llegara al borde de la ética y la moral preguntado y criticando lo que existía. Un trato justo. Si sé que hay más gente que vé las cosas mucho mejor que yo, pero al estar a medio devorar por el pulpo desgraciado, no hablan más que balbuceos para los medios.
¿Qué hacer? Tan solo mantener la paz...
¿Qué hacer? Si acepto algo, acordarme del pulpo y del engranaje
¿Qué hacer? Vivir nadando en el vertedero, usando cualquier cosa como antiséptico.
O en su defecto, como preservativo.
sábado, 23 de julio de 2011
El que fía no está, salió a COBRAR
Pasó una buena cantidad de tiempo antes de que me diera cuenta de la frase que una vez alguien me dijo. "Mejor no confiar en nadie (hasta aquí ya me sentía indignado), ya que no sabes si la palabra de la otra persona es verdad o es mentira". Claro, me dije, coincide más menos con lo que pienso, y creo. Pero, no sé... algo falta, ¿no? Como que acaba de VIOLAR TODO lo que sé y conozco y me esmero por difundir acerca de la confianza y la paz y el equilibrio y todas esas cosas raras que nos hacen bien (como podrían perfectamente hacernos mal).
Exactamente pasaron 2 años y 4 meses para que yo entendiera por fin. A la larga, lo que entendí, es lo siguiente:
Uno no puede andar confiando en lo primero que alguien muestra, ese consejo que nos dan cuando chicos de "no te fíes de extraños". El asunto va cambiando, sí, porque eso que nos muestran es principalmente la palabra. Es lo más fácil de disfrazar y usar y controlar para fines maquiavélicos y profanos. Y es lo primero de lo que nos fíamos. Confiar en la palabra, me llevó, me atrevo a decir el 50% de las veces a cosas y lugares que no quería. Pero confiar en las personas que más amo, nunca me ha fallado. Acabo de contradecirme entonces, ¿me debere quedar con la palabra? Aquí aparece otro integrante de la película, que es el "ser-hacer". Del dicho al hecho, del verbo al acto. No se puede disfrazar lo que uno hace cotidianamente y a largo plazo, esas actitudes, la forma de caminar, de tocar algun instrumentos, los cuentos que escribe, las palabras que usa. Los contextos a los que se mete, cuanto arriesga por los demás, cuánto es capaz de caminar. Nadie es tan buen actor, es imposible disfrazar todo eso. Menos en 2 años y 4 meses.
A la larga no es que no sirva confiar en la palabra. No es válido. Pero no por la inseguridad de si es verdad o no. Es porque no importa si es verdad o no. Si un amigo me cuenta una historia, soy libre de creerla o no, me arriesgo o no. Lo válido y lo admirable es que tuvo la amabilidad de cederme parte de su tiempo, o de su confianza, hasta una parte de su vida quizás. El hecho de compartir algo conmigo por creerme perfectamente válido para eso. De eso se trata confiar.
Paz y keep on headbangin'!
Exactamente pasaron 2 años y 4 meses para que yo entendiera por fin. A la larga, lo que entendí, es lo siguiente:
Uno no puede andar confiando en lo primero que alguien muestra, ese consejo que nos dan cuando chicos de "no te fíes de extraños". El asunto va cambiando, sí, porque eso que nos muestran es principalmente la palabra. Es lo más fácil de disfrazar y usar y controlar para fines maquiavélicos y profanos. Y es lo primero de lo que nos fíamos. Confiar en la palabra, me llevó, me atrevo a decir el 50% de las veces a cosas y lugares que no quería. Pero confiar en las personas que más amo, nunca me ha fallado. Acabo de contradecirme entonces, ¿me debere quedar con la palabra? Aquí aparece otro integrante de la película, que es el "ser-hacer". Del dicho al hecho, del verbo al acto. No se puede disfrazar lo que uno hace cotidianamente y a largo plazo, esas actitudes, la forma de caminar, de tocar algun instrumentos, los cuentos que escribe, las palabras que usa. Los contextos a los que se mete, cuanto arriesga por los demás, cuánto es capaz de caminar. Nadie es tan buen actor, es imposible disfrazar todo eso. Menos en 2 años y 4 meses.
A la larga no es que no sirva confiar en la palabra. No es válido. Pero no por la inseguridad de si es verdad o no. Es porque no importa si es verdad o no. Si un amigo me cuenta una historia, soy libre de creerla o no, me arriesgo o no. Lo válido y lo admirable es que tuvo la amabilidad de cederme parte de su tiempo, o de su confianza, hasta una parte de su vida quizás. El hecho de compartir algo conmigo por creerme perfectamente válido para eso. De eso se trata confiar.
Paz y keep on headbangin'!
lunes, 26 de octubre de 2009
El verdadero crímen
"Yo no soy cazador, pero me han contado que algunos cazadores, para matar a un lobo, ellos toman un cuchillo de doble filo, y cubren de sangre este cuchillo, después, derriten el hielo y hunden el mango del cuchillo en la nieve, hasta que sólo sobresale la navaja, y ahí lo dejan. Y entonces, llega un lobo, un lobo hambriento, un lobo buscando comida, y el lobo huele la sangre, y se acerca al cuchillo, y lo empieza a lamer, tratando de comer. Y obviamente, al lamer la navaja, se corta la lengua, y empieza a sangrar, pero el lobo tiene tanta hambre, que cree que está alimentandose, y sigue bebiendo y bebiendo, chupando su propia sangre, de su propia boca, hasta que muere. Esto, esto es lo mismo que hace el capitalísmo con todos nosotros, desde el primer momento en que nacemos. Y si miramos a nuestro alrededor, la gente esta infectada con esta especie de enfermedad, donde creen que están logrando algo, algo que les permita sobrevivir. Y entonces compran un auto, y dicen "bueno, los ricos tienen auto, entonces yo tambien puedo tener un auto", y se compran celular y dicen "bueno, los ricos tienen celular, por qué yo no puedo tener", y se compran una casa y dicen "los ricos tienen casa, yo tambien quiero tener eso", y harían cualquier cosa con tal de tener eso que tienen los ricos. Y así creen que están obteniendo algún beneficio, algo que los va a alimentar; algo que les va a permitir vivir mejor, pero en realidad se están SUICIDANDO, como el lobo, y están muriendo lentamente, solo que no se dan cuenta. Eso es lo que les pasa a nuestras comunidades, es exactamente lo que pasa en nuestras poblaciones, donde los pobres se matan entre ellos con cuchillos, con balas, o con la pasta base, y en vez de echarle la culpa de todo esto al cazador, que puso el maldito cuchillo en el hielo para matar al lobo; en vez de apuntar al verdadero asesino lo que está pasando es que le echan la culpa de esto al lobo, que lo único que quiere es comer para poder sobrevivir. No se puede culpar a la víctima del crímen, hay que denunciar al opresor, el capitalísmo, el poder del dinero; ése es el enemigo. Ese era el enemigo hace 500 años, cuando llegó a América, usurpando tierra y matando gente, es el enemigo hoy día cuando dicen que nuestros problemas son nuestra propia culpa. Y no tiene nada que ver con la riqueza de unos pocos, que no saben de crecimiento, de progreso, de reactivar la economía. Pero cuando alguien hunde un cuchillo en tu espalda 6 cm., y despues lo saca 3 cm. eso no se puede llamar progreso, porque el daño ya está hecho. Los millonarios NECESITAN que haya pobres, muchos pobres, millones de pobres, para seguir siendo millonarios. Son los peces grandes que se tienen que comer a los peces chicos. Ellos, su egoísmo, su cultura, ellos son nuestro enemigo y nosotros lo reconocemos. Por eso, compartimos este hip-hop, haciendo arte, en la calle, y con poesía y barricadas, creando organización, creando conciencia, enseñando el amor, y no nos cansaremos ni nos rendiremos, queremos un mundo mejor para todos, donde nadie tenga que morir, intentando sobrevivir. No descansaremos hasta sacer ese cuchillo del hielo, para dirigirlo contra los verdaderos culpables, contra los poderosos, que se esconden tras murallas y disfraces, pero que ya no nos engañan. No nos engañan".
viernes, 23 de octubre de 2009
Una teroría sin teoría
El otro día escuché algo que me causó una expectación tan grande, que corrí a mi casa a averiguarlo. En una conversación, de esas que se tienen por el centro, escuché algo de una llamada "Ley de Atracción", cuyos postulados se encontraban, supuestamente, en un libro conocido como "El Secreto". Lo que alcanzé a oír, a grosso modo, en medio de pitazos y ruidos de motores, fue que trataba sobre lo "bueno" que te pasaba, y que lo podías controlar. Y como bien dije, llegué a mi casa a averiguar al respecto.
Se trata de que supuestamente tú estás conectado con todo el universo, donde las cosas se mueven siguiendo a sus semejantes. Es decir, si piensas en cosas buenas y en que en verdad las vas a obtener, ellas vienen solas, por arte de magia hacia tí. Sigue tres pasos en los que tú debes primero pedir, luego tenerla respuesta y luego recibir el paquete. Se supone que no es tan fácil, sino que hay que estar como sintonizado respecto a lo que quieres pedir y debes alejar de tu mente esos pensamientos "malos" y que te hacen sentir mal.
Después de esto, esperé, leí más, busqué, releí, pero no apareció nada. Esperaba, con inquietud, el momento en donde me dispararan las bases neo-científicas, metafísicas o místicas del asunto. Pero no. Nunca llegó. Jamás se fundamentó. Giraba en torno a lo mismo, "pidan y se les dará, pero sean buenos". Cerré mi navegador de internet muy desepcionado y con una gran pérdida de tiempo.
En el Universo, tú estás en orden con él. Habitas un cierto espacio-tiempo en una determinada dimensión (la cuarta, no la tercera, ojo), a eso se le llama "Equilibrio del Universo". Todas las cosas que pasan, dentro de esta dimensión, obedecen ese equilibrio. No están preescritas, pero de una u otra forma, si están previamente determinadas, dado que el equilibrio nunca se logrará totalmente. Entonces, cuando sucede cierto evento que desentona ese equilibrio, el Universo hace lo necesario para volver de nuevo al estado basal. Así es como funcionan las "posibilidades". Es por esto que están determinadas al azar (entropía), pero cumpliendo un cierto orden, que claramente varía de un tiempo a otro.
Dentro del Universo, TODAS las cosas pueden variar el equilibrio, desde las galaxias, hasta las partículas subatómicas, todas influyen en este estado basal y todas son esa posibilidad desarrollándose al máximo (se dice máximo porque es si o no, 1 - 0, donde el máximo es 1, obviamente), y sí, es posible que un ser controle todo lo que le rodea, pero es demasiado improbable. No existe ser humano que lo haga, ni creo mucho que veamos uno. Si nos sorprendió demasiado que alguien caminara sobre las aguas, o que convirtiera el agua al vino, regulándo las posibilidades y ordenando la entropía, no hay muchas probabilidades de que algo semejante suceda en el pueblo común. Y esto era algo tan simple, que ni siquiera variaba las dimensiones, todo ocurría en el mismo espacio-tiempo. No sabemos si lo que sucederá a continuación viene desencadenandose solo en esta, o en paralelas dimensiones, quizá una quinta, una sexta o una décima. Y por supuesto el Universo contempla tambien estas dimensiones. Ni siquiera estamos concientes de todo el espacio que nos rodea y vamos a estar dispuestos a controlar dimensiones a las que no podemos entrar porque nuestros cerebros humanos aún son muy idiotas y jóvenes como para entender otras realidades.
Por otra parte, nuestro cerebro concede ciertos accesos de control, regulándo ciertas características. Como por ejemplo, podemos desdoblarnos si estamos concientes de todo nuestro cuerpo, podemos mover cosas si estamos concientes de su posición (y un lapso pequeño dentro del futuro de esa posición). Para regular lo que sucederá, debemos estar concientes, necesariamente, del cómo y del cuándo, además del por qué, obviamente. El Universo obedece solo al bien común. Y dentro de todas esas galaxias y todas esas dimensiones, ¿crees acaso que va a considerar a un pequeño ser humano, siquiera dentro del bien común?
De todas formas, encuentro demasiado egoísta pensar en arreglar nuestro mundo y pedir cosas para nosotros, siendo que hay demasiada gente en peores condiciones que nosotros. Queda demasiado por hacer en él. Y pensando en una bicicleta, o una buena nota, no es la mejor forma de arreglarlo.
"Vivimos en el mundo cuando amamos. Sólo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida." – Albert Einstein
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